miércoles, 30 de marzo de 2011

Marzo, el tiempo de los narcisos silvestres y del azafrán de monte

En Solera tenemos la suerte de tener dos especies botánicas de gran belleza estética y valor biológico. Uno es el pequeño narciso Narcissus bulbocodium subespecie bulbocodium variedad ectandrum, que crece en una zona muy localizada, aunque es probable que esté más extendido, pero no he localizado otras poblaciones. Prefiero no decir la localización exacta para evitar posibles expolios. Se trata de una variedad concreta que crece en el Sistema Ibérico y en ninguna otra parte de la Península Ibérica. Desde enero a marzo, en plenos hielos de final de invierno, se puede ver florecer sin problemas en prados anegados de agua. Crece directamente en el fango encharcado. Sus campanas amarillas azufradas son una verdadera admiración teniendo en cuenta las pocas plantas capaces de florecer en tales condiciones hostiles. (Fotografías originales del autor tomdas en hábitat):



Otra planta de enorme interés es el azafrán de monte Crocus nevadensis cuyo nombre científico delata que cuando fue descrito la primera vez en Sierra Nevada (Granada) se pensaba que solo existía allí, pero después se encontró en otros lugares de la Península y como no, Solera es uno de los afortunados. A este género pertenece también el AZAFRÁN CULTIVADO (Crocus sativus).

Existen unas pocas especies silvestres del género Crocus en España y esta es de las que florece en primavera, muy a principios (marzo). A penas pasa desapercibida en el suelo de los montes, donde solo se puede uno llevar la agradable sorpresa si el día es soleado, ya que solo saca fuera del suelo, entre la hojarasca, sus bellas flores abiertas. En otras condiciones permanecen cerradas y resultan casi invisibles. Las hojas de esta planta se desarrollan después de la floración, a modo de espartillos largos. Tiene pequeñas flores blancas con delicadas pinceladas púrpura. Una delicia para la vista.